La biodiversidad nos ofrece posibilidades significativas
para el desarrollo y producción de vacunas y medicamentos para enfermedades
humanas y animales, la producción y desarrollo de nuevos cultivos
industriales o alimentarios, la producción de enzimas y proteínas, el desarrollo de algunos biopesticidas.
La disposición de esa biodiversidad tan rica en realidades y
promesas se lleva a cabo con la ayuda del sistema de propiedad intelectual.
Las secuencias géneticas patentadas y las líneas
celulares generan enormes ganancias para la industria de la vida.
En este contexto, merecen un cuidadoso análisis la solidez
o debilidad de las balanzas de pagos de los países. Muchos productos pueden ser desplazados por procesos biotecnológicos de tipo
industrial, deben ser previstos los posibles impactos sobre la cuentas nacionales, los cambios que
pueden ocurrir en la estructura productiva y los diversos aspectos
sociopolíticos envueltos en una situación de esta naturaleza.
Asimismo,
deben ser correctamente enmarcados los derechos e intereses de las comunidades que desde siempre vienen
explotando y conservando los recursos sobre la base de los cuales se
producen esas innovaciones biotecnológicas.
Por
ello, cuando sean proveedores no sólo de lo que tradicionalmente
conservaron y domesticaron sino además de las materias primas básicas,
merecen que los países donde habitan protejan sus intereses y faciliten
su ingreso en los nuevos mercados que suplantarán a los que abastecen
hasta ahora, ello será posible -entre otras medidas- a través de
favorecer las iniciativas comunitarias de elaboración y explotación
comercial, preservando sus valores y afianzando sus culturas.
[Ver
el gráfico del planteo de abordaje al tema]